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Reseña: Traer al presente la dignidad.

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Cuando las personas toman consciencia de la situación de explotación se inicia el encuentro, el diálogo y con ello, la participación. En este sentido, la derogación de algunas tradiciones cotidianas, en su ejemplificación “no puedo/por falta de tiempo”, representa el gesto de la deshumanización del individuo alienado.

En “Campamento Chorrillos de Valdivia. Una historia poblacional para contar e imaginar (1973-1991)” de la antropóloga Bernarda Aucapan Millaquipai, reúne las voces de 38 actores sociales que se tomaron el sector de pampa Krahmer (calles Simpson con Picarte) en Valdivia, nombrándolo “Vietnam Heroico” en 1973 y siendo erradicado, hacia la Población Pablo Neruda, en 1991.

En el período de Frei Montalva, la política habitacional estaba marcada por la asistencia del Estado permitiendo que las familias de escasos recursos construyan sus propias viviendas con los materiales que tengan a disposición. Luego, con la llegada de Salvador Allende a La Moneda, el discurso estaba marcado por el Estado quien suministraba la vivienda y esta, no era un bien de lucro.

Según el libro, el punto de encuentro de más de sesenta familias fue en la población Menzel, las que se dirigieron la noche del 11 de febrero de 1973 al sector indicado debido a que la explanada tenía acceso a agua potable, baños y cercanía con la Avenida Picarte. En voz de Bernardo Yefi señala que en “la época de Allende estaban más humanizados los pacos, no hubo represión porque sabían que iban a tener respuesta” (30).

Se ha escrito de manera insuficiente sobre el rol de jóvenes de educación media y universitarios vinculados al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), estos cuadros políticos se desenvolvían entre los pobres de la ciudad, el campesinado y los cordones industriales. Además, frente a la burocracia estatal, la dirigencia decidió en 1973, organizar a nivel país la toma de terrenos, montar los campamentos y desarrollar mejores condiciones de vida en sectores de Angachilla, en Las Ánimas y en pampa Krahmer. Para su cometido, debían ganar las dirigencias en las poblaciones, el médico Pedro Cardyn (exMIR) señala en el volumen: “no pa’ nosotros había que ganarse la conducción de la gente. No sacamos na’ de ganarse las cosas por secretaría” (25).

Es importante remarcar el tipo de comportamiento de los dirigentes elegidos mediante asamblea: debían ser ordenados y tener un comportamiento ejemplar. Desde no beber alcohol, no tener peleas dentro del matrimonio, saber cocinar para el refugio y dialogar con las autoridades del SERVIU y los funcionarios de la municipalidad.

Con el golpe de Estado, los militares reestructuran las poblaciones mediante cambio de nombres de militares, sacando a los hombres comprometidos para torturarlos. Helena dice: “fueron tiempos muy violentos porque no se respetaban a las madres que hubieran tenido guagüita” (50), Mario agrega que “cuando los milicos entraban yo te digo la balacera era impresionante po’… ¿Aparecía, cuándo? Unos días más tarde todo moreteado y golpeado…” (51), Mateo afirma que: “con continuos allanamientos e interrogatorios por parte de carabineros y militares, con sus caras pintadas y fusiles de guerra… la práctica sistemática del terrorismo de Estado, realizada por organismos de seguridad, me marcó profundamente, ya que, por mucha ayuda, es muy difícil de olvidar lo que sucedió…” (52-3)

Con el mismo formato de trabajo donde da paso a las voces entrevistas, se detalla de la llegada de CEMA-Chile, las articulaciones femeninas en los Centros de madre, el Programa de Empleo Mínimo (PEM) y el Programa Ocupacional de Jefes de Hogar (POJH) en Chorrillos. En los talleres laborales del PEM se pagaban $1.500 chilenos de la época cada quince días, por cuatro horas diarias. Por otro lado, los varones fundan el Club Deportivo Chorrillos, emergían en el ochenta las agrupaciones juveniles y circulaba la acción social de la Iglesia Católica que estaban vinculadas a la Teoría de la Liberación.

Hacia el final, el volumen permite observar las formas en que la soñada casa propia era entregada a las familias: promesa de campaña de 1989, encuestas de saneamiento, la necesidad de abrir una cuenta de ahorro base de $5.000 y el pago de dividendo cuando el trabajo escaseaba. Para luego hacer el traslado y desarme de las zonas ocupadas hacia la población Pablo Neruda.

En la obra “Campamento Chorrillos de Valdivia” (2016) da cuenta de un hecho innegable: ¿cuántas de las poblaciones conocidas han sido forjadas con el sudor de las frentes de nuestras familias? La nueva clase media, endeudada en dividendos y forjada desde la precariedad ha sido subyugada por los créditos, ya no por lo que tiene, sino por lo que cree que va a tener en el mes siguiente. Releer es recordar qué significa dignidad.

Gonzalo Schwenke

es profesor y crítico literario para distintos medios.

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Alquimia, Crítica, Narrativa

Crítica Literaria: Cuadernos de composición

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Crítica literaria: Cuadernos de composición.

 

“Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia

Hay la espera de mí mismo

Y esta espera es otro modo de presencia

La espera de mi retorno”

En La poesía es un atentado celeste (fragmento) de Vicente Huidobro.

 

La próxima novela

Felipe Becerra (Valdivia, 1985)

Alquimia ediciones, 2019, 96 páginas.

 

Durante los últimos meses se ha visibilizado la forma en que artistas desarrollan el proceso creativo para llegar a la obra final. El acto de escenificar no deja de mantener el status de hiperconcentración en los museos capitalinos, y perfiles para las curatorias temáticas. Además, poner a disposición y contextualizar el arte a razón de materialidades, tiene sus altos y bajos en el mercado. En todo caso, no deja de tener un elevado valor para coleccionistas y universidades que compran los manuscritos de escritores/as de renombre.

La próxima novela (2019) es el puente hacia la segunda novela anunciada como Los Cisnes de Ñache, tras la aclamada Bagual (ed: Sangría, 2014). En este volumen que está dividido en cinco partes, existe una progresión selecta de trabajos con los doce cuadernos a través de notas, boletas, collage y agregando artefactos, reflexiones, diálogos con otros escritores y teóricos literarios que son los borradores de algo mayor. En este plano, de lo que se considera un borrador, el autor en el proceso de observación del momento que vive, instrumentaliza la contemplación para concebir el mencionado ejemplar, pero sin dar pistas lineales.

El libro problematiza este intersticio en la literatura y la ambivalencia contemporánea de lo que significa ser obra (considerando que esta no acaba solamente con la publicación). Para esto hay que poner atención en lo que señala la teórica y feminista Julia Kristeva en intertextualité, pues este tipo de volúmenes en tránsito son procesos de construcción aleatoria y fragmentaria, pero con un sentido literario (1997: 7). De igual modo, el teórico Gerard Genette (estructuralista francés del sesenta) ordenaba la narrativa en lo múltiple de la transtextualidad, entendiendo esto como una compleja red de tejidos textuales que permanecen en distintos niveles de diálogo como las citas, el pastiche, los vínculos con otros autores o la alusión. No por nada, el autor hace desfilar a un largo etcétera de escritores: Juan Emar, Roland Barthes, Walt Whitman, Macedonio Fernández, Fernando Pessoa, Pedro Lemebel, Juan Luis Martínez, Pablo Neruda, José Santos González Vera, Luis Oyarzún, el director de cine Pedro Costa, la fotógrafa Diane Arbus, entre muchos otros artistas predominantemente masculinos. Habría que preguntarse por el valor estético de este conjunto de materiales, de sus múltiples relaciones metatextuales e intertextuales, y si el afán escritural conlleva o no a la obra de arte propiamente tal. O mejor aún, cómo de entre los originales de esta “vanguardia” literaria no emerge, antes, una novela corta.

Siempre en estado de búsqueda, nunca in-quieto. “Esta espera es otro modo de presencia” como señala Huidobro, de manera que, sin quedarse atrás, Becerra parafrasea la idea de la espera de la creación: “la escritura como espera de otra escritura” (13). En este ámbito, las sutilezas del anhelo, la expectativa de publicar y que se ha dilatado durante un largo periodo, el contenido que alberga esta compleja trama de registros, forma parte de otra arista en tanto recurso de la autoficción.

Felipe Becerra construye en “La próxima novela” una compleja obra dedicada al oficio de la escritura, donde emanan sutilezas sobre la obsesión, las dudas, la demora, el valor en el debut de publicar un libro. Sin embargo, da cuenta sobre el contenido en los cuadernos como el dibujo de la letra, las construcciones narrativas y las múltiples relaciones con otras escrituras. Este volumen da importancia a la producción previa al libro, asunto que muy pocas personas se han atrevido a señalar en el circuito y en entrevistas sobre la misma. Además, continúa desarrollando una disposición por elaborar una literatura creativa que sigue visibilizando la composición de la novela, que no sea decimonónica.

De lo anterior, no hay que dejar de lado que este connotado autor es un adelantado a su tiempo, pues antes de los cuarenta años y con una amplia obra demostrada, publica los cuadernos de composición como muestra de su franqueza literaria.

 

Gonzalo Schwenke

Profesor y crítico literario.

Valdivia, 2019.

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Ñire Negro Ediciones, Crítica, Gonzalo Schwenke, Narrativa, Reseña

Crítica Literaria: Lo mejor de lo nuestro

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Coyhaiqueer.

Ivonne Coñuecar (Coyhaique, 1980)

Ñire Negro ediciones, 2018, 140 páginas.

 

No todas las novelas de poetas logran un carácter necesario para desarrollar un imaginario sobre las ciudades. En este libro, la autora despliega un retrato costumbrista combinado con un alto discurso crítico sobre lo que significa crecer en las provincias del sur del país.

Coyhaiqueer (2018) la primera novela de la poeta Ivonne Coñuecar, hace una radiografía sobre el cotidiano de Coyhaique durante el ochenta y los años noventa. Allí realiza una representación de lo que significa vivir en el sur, desarrollando temas prohibidos como el suicidio, el mundo homosexual y lésbico, el contagio del VIH, la militarización de la Patagonia, el clasismo, el concepto de la familia que no son los parientes sino las amistades duraderas, las drogas, la juventud, la obligación de los jóvenes por buscar el éxito fuera de la ciudad, el desarraigo y las heridas infringidas a través del tiempo, entre otros.

La protagonista Elena, desarrolla en catorce capítulos una narrativa vinculada a la crónica. Posicionándose como un personaje lateral no vinculado a aquellos que detentan cierto grado de poder: ya sea siendo hijos de militares, con rancios apellidos o determinados por el dinero que sostienen los privilegios.

En aquella zona, el complejo turístico está compuesto por el revés de la moneda, marcado por los suicidios. De esta manera, ella y Juan Luis (Jota) se desenvuelven sin la necesidad de complacer la norma de la comunidad: “Y hablábamos de todos, de cualquiera. Éramos el pueblo adentro, éramos del pueblo, con, contra, de, desde, hasta, para, por, según, pero nunca sin” (29). De este modo, con una activa observación crítica devela una sociedad que aparenta convivir en armonía, con gajos similares a la novela de José Donoso: Un lugar sin límites. Sin embargo, en vez que aparezca una figura masculina y castradora que domina el campo, la autora coloca las responsabilidades sobre las regulaciones sociales de manera transversal y colectiva.

La provincia dominada por colegios católicos y los militares acomodados que dictaban la regla de convivencia entre pares cohabitan en un silencio incesante: “En Coyhaique el conflicto se evita con una encantadora hipocresía” (14). Estas relaciones sociales entre vecinos y vecinas están sometida a los tabúes y a la sospechosa buena voluntad. En este sentido, el mundo conservador y la ideología religiosa, ha mantenido bajo sospecha la amenaza social y suponer de desviamiento cualquier actitud diferente. Asimismo, estas convivencias con lo raro y lo homoerótico, están marginadas y permitidas en un espacio semi-privado, como lo es la peluquería. Lugar que se valida continuamente el vínculo con lo femenino a través del cuidado del cabello.

El volumen da cuenta que la ciudad “era una zona privilegiada del dictador y solía ir con frecuencia para ver los avances de la construcción de la Carretera Austral” (50). No por nada la palabra comunista es simbolizada en el imaginario nacional como personas que quieren desbaratar un Chile impecable, es de las primeras noticias falsas más exitosas que algún gobierno pueda instalar en la población. El más reciente, pertenece al ministro (s) del Interior, Rodrigo Ubilla, quien perseveró en decir que los incendios forestales no era de la falta de prevención de las empresas a cargo, sino una provocación de una población característica de la zona, sin mostrar si quiera una sola prueba fehaciente: “Yo diría que algunos de los incendios que se han producido en el último tiempo están asociados al tema de la causa mapuche.” (diario La Tercera: recuperado el 16 de febrero de 2019).

En el transcurso de la obra destaca la articulación de las voces del narrador y los personajes mediante el estilo indirecto y el libre. Mientras el primero, supone que es la narradora asume la voz de los personajes; en el segundo, Elena no solo reproduce el sentir y las palabras de los hermanos Óscar y Mateo en el capítulo “la vida militar”. Sino también, adoptando la perspectiva de estos hijos de militares, que no deseaban llegar a ser parte de las Fuerzas Armadas, pero que tuvieron la extensión de la dictadura dentro de las casas. En el mismo ámbito, parece engañoso el agotador párrafo largo interminable, pero las frases cortas, con una cadencia devenida del habla poética hace que el libro sea una lectura fluida. Igualmente, los capítulos desplegados no son lineales, más bien fragmentarios por temáticas, los personajes van y vuelven, fallecen y aparecen en otra memoria, en otro acontecimiento.

Por otro lado, las marcas de la cultura del noventa están enlazada por medio de la música electrónica, las drogas, el acto de rebobinar el cassette con el lápiz, arrendar películas en VHS al videoclub más cercano, mandar a pedir a Santiago por correo y que este, se demore una semana en llegar, sirve para generar el cuadro necesario para comprender a los personajes.

No es lo mismo vender la postal de la ciudad turística, que arraigarse en la zona. Coyhaiqueer (2018) es una obra de calidad que se basa en la memoria de la auto-ficción para reconstruir un escenario complejo en la que se despliegan los personajes en relieve. En esta dinámica, Elena y Jota han elegido no esconderse de su orientación sexual, eligen crecer y sobrevivir en un lugar que es incómodo, porque al final de cuentas, ese lugar que no varía sus formas de vida, les pertenece.

 

Gonzalo Schwenke

Profesor y Crítico Literario

Valdivia, 2019.

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Crítica, librosdementira Ediciones

Crítica literaria: Filosofía Disney (2018)

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Encadenados en el silencio.

Filosofía Disney

Rodrigo Torres (Santiago, 1984)

Ediciones Librosdementira, 2018, 115 páginas.

 

Si en el primer libro de Rodrigo Torres, Antecesor (2014), el común denominador eran los personajes que acarreaban conflictos desafortunados y el ambiente tenía cierto grado deprimente. En Filosofía Disney (2018), estos problemas continúan con algunas variantes: se despliegan personas corrientes que son uno más entre la muchedumbre y que están constantemente engatusados por mensajes necios de mandamases.

Más que centrarse en la emergencia de la clase media-baja de los noventa, o los drogadictos de clase alta que escriben para sí mismos. En estos siete cuentos que conforman Filosofía Disney (2018) toma posición en tiempos donde la economía es sólida y pujante. Esto es, historias sobre luchas permanentes, las que se bate en lugar en torno a la (des)humanización y la apatía productiva del sistema:

Matías trabaja limpiando los pisos en el supermercado del mall en el relato “cadena de mando”. En aquel lugar el ambiente es tedioso y monótono, asunto que se quiebra por los diálogos efímeros y el grado de enajenación alcanzado por el protagonista, debido al accidente de un niño en uno de los pasillos. El confuso incidente provoca que sea citado por el supervisor de área para ser recriminado por la falta.

En “el imperio de las bestias”El joven profesor, venido del sur, llega a la escuela periférica de la región metropolitana, con ansias de cambiar la educación. Sin embargo, se enfrenta con múltiples obstáculos propios del engranaje educativo que lo llevan a desencantarse y renunciar.

En “testigos”, los misioneros llegan al hogar del clásico vecino que le gusta discutir sobre Dios. Así, el dueño de casa derriba los mitos del evangelio con la teoría de la evolución darwiniana para contrarrestar a los incautos.

En el cuento “Filosofía Disney”, relata la dinámica de convivencia entre la madre Hortensia, y el hijo. En esta historia, los personajes estropean la relación del hogar con un insulso enfrentamiento que afecta el rendimiento de la trabajadora en la empresa bancaria. Esto se resolverá convenientemente, con la fuga del adolescente a quién sabe dónde, no obstante, lo podemos intuir. Igualmente, la madre debe superar el vacío del hogar, gracias a mensajes triviales y pensamientos baratos para que doña Hortensia pueda mejorar su producción frente a los jefes. Como se observa en el título, la gran fiesta no es más que el antagonismo de la alegría o música de feria.

Es necesario mencionar que en el cuento infantil Pedro y el lobo, el niño hace llamadas falsas en el campo sobre la amenaza que representa el lobo. Cuando realmente, necesita ayuda de los granjeros, estos no acuden en su ayuda. Un sentido similar aparece en “Nazipunk” de este volumen. Unos tipos de cabezas rapadas, representantes del odio social, se humanizan ante la urgencia médica. Tras esta fatal circunstancia, ellos solicitan auxilio a los mismos que aborrecen, pero no les da socorro.

Aunque se hace patente que las consignas de los candidatos presidenciales desde el cambio de siglo: “crecer con igualdad”, “Chile de todos” y “vienen tiempos mejores” fueron modos de gobernar donde la gente creía que iba a haber crecimiento y, además, desarrollo social. Esta obra recoge aquel sector de la población que vive el día a día. Allí, estos relatos están construidos por la frase concisa e inalterable, condicionando la historia en el narrador que observa los hechos con miedo a inmiscuirse. Esta carencia de riesgo (a excepción de la primera narración), imposibilita que la voz narrativa pueda disolver la cortina de ingenuidad que expone concretamente en “Nazipunk”.

Este libro es un relato que pone en escena a personajes que van en una sola dirección, aburridos de la precarización laboral, la rutina y donde no existe salida o de posibilidades. Así, se genera un vacío de un discurso que encandila, pero sin profundidad, lo que se devela en la forma de relacionarse socialmente. Asimismo, al no existir pliegues ni tampoco un realismo corrosivo, emerge una voz disruptiva y la trama cae en la candidez, ya sea en “Puyas”, “seguidores del vacío” o “testigos”. En consecuencia, esta obra irregular no logra levantar el vuelo que tuvo con Antecesor. Sin embargo, algún valor literario tiene. Qué duda cabe, en comparación con otra obra del autor, la Nueva Narrativa Nueva (2018), cuya lectura resultó ser uno de los peores del año recién pasado.

 

Gonzalo Schwenke

Profesor y crítico literario

Valdivia, 2019.

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Jorge Baradit, libro la dictadura (2018) Jorge Baradit, Narrativa, Random House Ediciones

Crítica literaria: La dictadura (2018)

 

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Las conmemoraciones y homenajes son convertidas rápidamente en nuevas formas de consumo, las que no respetan el dolor de la población. De esta manera, es necesario repensar la importancia de los libros que hablan sobre historias secretas, puesto que hasta el momento solo sirven para disponer a consumidores para el espectáculo. No por nada, publicar este volumen un día antes de los cuarenta y cinco años del golpe, significa lograr réditos del morbo generado por este infame acontecimiento.

Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una crónica que combina el análisis político, la experiencia personal y los setenta y dos documentos presentes en la bibliografía sobre el gobierno de Allende, el golpe de Estado, la dictadura y algunos puntos referenciales en el cambio de siglo. Jorge Baradit toma más de veinte años de historia nacional para reducirlos cinco capítulos de doscientas páginas, generando el efecto acorde a lo que representa la dictadura cívico militar: horror y miseria para la población.

La interpretación que realiza sobre el acontecer político previo al golpe está basada en testimonios que forman parte del respaldo argumentativo, poniendo en relieve la conspiración estadounidense y posicionándose desde el pluralismo, el consenso y el diálogo propios de los noventas.

No obstante, hay un trabajo investigativo desprolijo que debilita al volumen. La ausencia de rigurosidad en la escritura, falta a la verdad histórica que hoy en día, observamos en la derecha promoviendo la posverdad. Al respecto, el periodista Fernando Velo publicó en su muro de Facebook (7 de octubre) apreciaciones sobre los errores en que incurre el libro. Ya que él fue uno de los primeros testigos que presenciaron el actuar de las FF. AA. durante el golpe militar. La obra señala que “Carlos Altamirano, el secretario general del PS, lanzó su discurso más incendiario y violento en una concentración en el teatro Caupolicán” (64). Fernando Velo declaró que: “Carlos Altamirano pronunció un inquietante discurso (el 9 de septiembre) en el teatro Caupolicán cuando en efecto su participación la hizo en el Estadio Chile.” (sic)

Así mismo, el libro señala que “Altamirano estaba reunido con el aparato militar del PS evaluando el pobre poder de reacción del grupo en INDUMET” (71). Sin embargo, esto es desmentido por el periodista porque el político estaba en el estadio de la CORMU, en Lo Valledor. Este punto es sensible, puesto que es necesario esclarecer quienes fueron aquellos que defendieron el gobierno. De modo que la industria metalúrgica será nombrada varias veces como punto de encuentro de la comisión política del MIR para organizar acciones armadas, pero dicho secretario no vuelve a ser mencionado.

También se señala que “se decidió un ataque frontal por tierra con tanques que se movían por la calle Teatinos, la Alameda y la Plaza de la Constitución, ametrallando con balas que perforaban los portones y dejaban enormes agujeros en los muros centenarios del palacio de gobierno.” (78) En tanto, Fernando Velo corrige que: “el día 11 los tanques entraron por la calle Teatinos en dirección a La Moneda, cuando la realidad es que ingresaron al perímetro del Palacio Presidencial por la calle Morandé y de allí, uno se apostó en la calle Moneda casi a un costado del edificio del Seguro Obrero; el otro se situó en la calle Agustinas de costado al edificio del diario La Nación y el tercero estuvo recorriendo esas tres arterias.”

La ausencia de precisión permite que la crónica sitúe a las fuerzas golpistas como superhéroes determinados en su tarea de supuestamente liberar al país, como se pretendió dar cuenta a través de símbolos, por ejemplo la circulación de la moneda de la libertad desde finales del ochenta: “Los tanques dispararon cañonazos contra los muros y las ventanas. Cada explosión sacudió las paredes, cayó polvo, se hundieron lámparas, los muebles saltaron de sus posiciones. Más de cincuenta obuses impactaron causando incendios, forados en la estructura.” (78) Sobre este punto, Velo destaca que: “No hubo obuses ni disparos de cañón porque al promediar las doce horas, cuando en forma definitiva se anunció que el postergado bombardeo que se llevaría a cabo a las once que se efectuaría al mediodía, los tres tanques abandonaron las inmediaciones de La Moneda para escapar a las ondas expansivas producidas por los misiles aéreos. Asimismo eran anticuados tanques Sherman usados en la Segunda Guerra Mundial.” Es decir, los soldados terrestres que tenían un “tremendo poder de fuego” no se quedaron en sus posiciones mientras actuaba la Fuerza Área sino que, retrocedieron para no verse afectados por las explosiones de los aviones.

Aquí no se trata de ser historiador académico o cronista, sino contar la verdad a partir de hechos concretos. El testimonio en tanto argumento por autoridad, es un espacio que posibilita combatir la posverdad. Es por esto, que Velo confirma que: “Baradit no es preciso al pronunciarse sobre la guardia de Palacio que custodiaba el recinto y que supuestamente le era fiel al presidente. Ellos, salieron en forma ordenada y presurosa minutos después de las 11 de la mañana y tomaron refugio donde nos encontrábamos casi una veintena de periodistas, en la SIAT.”

Dictadura. Historia secreta de Chile (2018), es una forma de hacer historia que desestima el testimonio de los ciudadanos que vivieron estos periodos recientes, por lo que no es precisa sino que subestima a los lectores. Finalmente, el volumen representa modos de construir discursos para el mero consumo de una población que supuestamente anhela conocer la historia del país.

 

Dictadura. Historia secreta de Chile. Jorge Baradit. Ediciones Sudamericana 2018, 200 páginas.

 

Gonzalo Schwenke

Profesor y crítico literario.

Valdivia, 2018.

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Víctor Jara, Nueva Canción Chilena, Inti Illimani, Plegaria a un labrador, Littré Quiroga,

A 45 años del asesinato de Víctor Jara

Por Gonzalo Schwenke

Profesor y Crítico Literario

 

A cuarenta y cinco años de la detención, tortura y asesinato con alevosía de Víctor Jara y de Littré Quiroga por la dictadura, es necesario reconocer en la figura del cantautor de la “Plegaria a un labrador” como el productor artístico de la Nueva Canción Chilena (NCCh). Tanto Quilapayún como Inti Illimani lo invitan a participar en los proyectos musicales y enseguida, comienza su influencia, porque integra los saberes del teatro y del mundo popular campesino a la estética del movimiento musical.

La influencia del cantautor se hace sentir en la dirección artística de los grupos más relevantes de la Nueva Canción Chilena: Quilapayún e Inti Illimani. El Dr. en Musicología de la UAH, Juan Pablo González R. (2005) señala que el primer grupo, desarrolla un nuevo concepto de puesta en escena de la canción, donde la iluminación, el vestuario y el movimiento escénico se funden con la música en un ritmo común. Lo mismo sucedió con Inti Illimani, que al recurrir a la asesoría de Víctor Jara, logró rigor y eficiencia escénica, y adoptó un sentido dramático en sus conciertos, haciendo más efectivo su mensaje y creando un modo de performance que fue continuado por otros grupos de la Nueva Canción Chilena.

Los orígenes desde los campos de Ñuble, lo impregnan de la cultura popular campesina. La familia era inquilina de fundo: el padre araba la tierra y la madre, era cantora en fiestas y en velorios, permitiendo vivenciar la rusticidad material, la naturaleza y las costumbres del huaso chileno no hacendado.

Según registros periodísticos disponibles en la web, en 1944 la familia migra al barrio “Pila de Ganso” ubicado en Estación Central. Años más tarde con la muerte de la figura materna, Víctor Jara queda emocionalmente a la deriva. Ante la ausencia de amor filial proporcionado por la madre este se refugia en la religión, que lo lleva a entrar al seminario donde participa de liturgias y del canto gregoriano. Tras dos años en el Seminario de la Orden de los Redentores de San Bernardo, decide alejarse. Ante las denuncias que vive la Iglesia Católica por acoso y abuso sexual, es necesario preguntarse: ¿qué motiva al cantautor a salir del seminario?

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A continuación realiza el servicio militar obligatorio y terminado esto, entra al Instituto del Teatro de la Universidad de Chile ITUCH (1959 – 1961). Allí vendrían los primeros logros en la actuación y dirección teatral, ya que es rápidamente valorado por la crítica y el medio por la capacidad de dirigir Ánimas de día claro (1962) de Alejandro Sieveking, Los invasores (1963) de Egon Wolff y posteriormente, La remolienda (1965) de Alejandro Sieveking.

Con “La Compañía de Los Cuatro”, cantautor monta la pieza teatral Dúo (1962) de Raúl Ruiz, quien por aquella época estaba abocado a la escritura de guiones y obras dramáticas vanguardistas. Al año siguiente aparece La maleta, que derivaría en el famoso cortometraje en que inicia la espléndida carrera del cineasta.

En consecuencia, hay una respetabilidad por los métodos que utiliza Víctor Jara: el despliegue escénico, los procesos creativos para que las actrices y los actores puedan apropiarse de mejor forma a los personajes y la capacidad construir en el escenario la realidad del campo chileno. Aspectos que para la época lo diferenciaba de los pares, así lo destaca Gabriel Sepúlveda Corradini en el libro Víctor Jara: hombre de teatro (2001), disponible en el sitio web memoria chilena.

El cantante Victor Jara en la peña de los Parra en calle Carmen 340, de Patricio Guzmán Campos.

Víctor Jara integra el conjunto Cuncumén entre 1957 y 1963, agrupación de recolección y difusión del folclore nacional dirigida por Rolando Alarcón y Silvia Urbina. Estos fundadores, han tenido clases impartidas por Margot Loyola en las Escuelas de Temporada veraniega en la Universidad de Chile. Entonces, quien revise las discografías de Cuncumén, los álbumes Víctor Jara (1966) hasta Canto por travesura (1973) observarán similitudes en la música tradicional donde aparece el humor picaresco, el lenguaje campesino, la ingenuidad provinciana, la cueca como danza que artista llevaría a la tablas y un compromiso con las clases bajas.

Hablamos de una época de profundos cambios, de grandes convicciones y movilizaciones que buscaban –entre otras cosas- la autonomía e independencias de las naciones, previniendo que las riquezas de los países no estén en manos de monopolios, como sucede hoy en día con el agua, la electricidad, las comunicaciones y parte de la banca en manos españolas, las AFP o el salitre con John Thomas North, además del cobre y el litio en manos extranjeras.

A partir el siglo XIX, EE.UU. ejecuta la doctrina de someter a Latinoamérica mediante presidentes que obedezcan los intereses del imperio. Así con la revolución cubana de 1959, modifica la forma de comprender la cultura latinoamericana y estos cambios se proyectan en las artes, en la religión y en la política, buscando realzar las identidades populares del continente. Durante la época existe la convicción de que las culturas debían ser revolucionarias, promoviendo la globalización del realismo socialista en los pueblos latinoamericanos: en el Salvador, Roque Dalton señalaba la literatura como arma revolucionaria; en Nicaragua, Ernesto Cardenal con los epigramas y predicando la misa guerrillera disponible en YouTube; en Brasil, Paulo Freire desde la pedagogía de la esperanza; en Perú, Nicomedes Santa Cruz como investigador de música de origen afroperuana; en Argentina, Mercedes Sosa participando en el Nuevo Cancionero Argentino 1963, y en Chile, Violeta Parra recorriendo los campos rescatando culturas postergadas.

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Revisitando el disco Víctor Jara (1966), encontramos la irrelevancia del rodeo en el mundo popular, privilegiando la mirada en la construcción de un imaginario sobre aquellas personas sin riquezas económicas que han dedicado la vida a trabajar el campo. Así mismo, incluye temas musicales de la tradición argentina, boliviana y chilena, donde también aparecen colaboraciones de artistas relevantes como Ángel Parra en el charango y Quilapayún: La cocinerita, Paloma quiero contarte, Qué saco rogar al cielo, No puedes volver atrás, El carretero, Tuíta la noche o (Ja jai), El arado, El cigarrito, La flor que anda de mano en mano, Deja la vida volar, La luna siempre es muy linda y Ojitos verdes.

En la interpretación de El Lazo, da cuenta del ocaso del trabajador de la tierra como efecto irremediable de una vida en decadencia y que ha permanecido transitando por distintos lugares encontrándose habitualmente con la precariedad y el desgaste en lo cotidiano. El músico expone una mirada cristiana de la vida después de la muerte o el descanso eterno, porque visibiliza simbólicamente el arraigo del viejo a través del lazo con la tierra y que va más allá del plano terrenal. Es decir, después de la muerte seguirá ligado pero libre de la explotación del hacendado. Mientras que, en el tema El Arado, la canción demuestra mayor confianza en que las condiciones cambien y que aquellos que han trabajado con el sol de frente tengan un sitio que les pertenezca. Aquí: “Afirmo bien la esperanza/ Cuando pienso en la otra estrella/ Nunca es tarde me dice ella/ La paloma volará”, el ave en cuestión señala la vía del escape.

Ambos temas relatan experiencias de subsistencia y que guardan la esperanza de que, ligado a los procesos históricos, tengan la posibilidad de cambiar las condiciones en el mundo rural a través de la reforma agraria pero también del mismo modo, la migración del campo-ciudad.

En la escena cultural de la época, la Peña de los Parra permite que Víctor Jara pueda trabajar de la música, ampliar los horizontes y retroalimentarse de las experiencias de Ángel e Isabel Parra. Estas son aproximaciones superficiales sobre la figura del cantautor, quien en poco tiempo abordó otras disciplinas, escenificando representaciones folclóricas de agrupaciones relevantes del movimiento musical de la Nueva Canción Chilena.

A 45 años del asesinato de Víctor Jara, y a pesar de las sentencias inconclusas sobre los culpables de la tortura y asesinato, el legado existe a través de las creaciones disponibles y a la memoria de la generación truncada por el golpe militar.

 

Bibliografía

  • Juan Pablo González. “Tradición, identidad y vanguardia en la música chilena de la década de 1960”. Aisthesis 38, 2005: 194-214.
  • Víctor Jara: hombre de teatro. Gabriel Sepúlveda, Ediciones Sudamericana, 2001, 198 páginas.
  • Víctor Jara, Un Canto inconcluso. Joan Jara, Ediciones LOM, 2007, 290 páginas.

 

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Gonzalo Schwenke

Algunas reflexiones entorno a la crítica literaria.

A partir de la polémica suscitada por las memorias VHS (2017) de Alberto Fuguet[1], donde afirma con desparpajo haber violado a una empleada doméstica en presencia de un amigo. El autor ha vuelto a la carga con el ensayo Llegaron los bárbaros[2] donde sitúa a la crítica literaria en el terreno de la derrota debido a la poca influencia en las nuevas generaciones.

De lo anterior, hay que considerar algunas reflexiones:

El medio literario busca aniquilar la crítica literaria, exhortar la disidencia y censurar el pensamiento crítico. El objetivo es someter la crítica literaria al mercado, instaurando falsas ideas de exitismo y la probable valoración fuera del país. No por nada, cada año las industrias editoriales buscan espacios mediáticos en el que posicionan las mercancías de sus figuras, respondiendo a la era de la imagen, a la silueta líquida y a la reducción de diálogos críticos convirtiendo a todo lector en un consumidor.

Entiendo la crítica periodística a modo de género propio dentro del campo literario, donde se analiza y evalúa el estado cultural chileno. Para cumplir con esto, se necesita preparación, lecturas, y además, distanciamiento del circuito cultural entendiéndolo como táctica en pos de grados de autonomía al ordenar estas producciones: situar, enmarcar, mostrar intereses y perspectivas en la generación de discursos culturales.

La figura del crítico literario maleable y benévolo con los poderes no sólo es peligrosa, sino también cómplice de las instituciones. Yo prefiero la figura del crítico que es estudioso de la literatura como acto de pasión, más allá del acto de adquirir conocimiento en sí mismo. Es decir, aquel que vive para la literatura, no para vivir como poeta maldito.

Frases para el bronce de Alberto Fuguet: “La oportunidad para que la crítica tenga algún futuro no solo existe sino que se vuelve necesaria”, “la labor del crítico-como-profesor o, aún, la figura del crítico-como-perro-guardián, ha terminado (…) porque los críticos lo hicieron mal y no supieron adecuarse a los tiempos.” Estas frases dejan lo mal informado que está el autor de Sudor de los cambios y las discusiones de la crítica literaria, respondiendo amparando la discusión en la escena de la mercancía.

Tanto Raquel Olea (2010) como Patricia Espinosa (2016) coinciden en que la crítica literaria debe rastrear aquellas articulaciones que emergen de las fracturas sociales, investigando, comprendiendo y formulando lenguajes donde aparezcan estas transformaciones que acontecen en discursos contemporáneos y que derivan en productos culturales. Iván Carrasco, por su parte, ha señalado que la investigación y la crítica dentro de las academiasue se encuentran alejadas de Santiago, han permitido el desarrollo y despliegue de otros sistemas literarios, ya sea en el norte con el folclore narrativo, en el sur con enunciaciones indígenas o las vanguardias.

Como vemos, la pedagogía y la crítica no están ligadas al mercado, ni para la tontera fácil en las plataformas mediales, sino orientadas a generar campos de saberes ens humanidades. Por tanto, el no confrontar los textos viene a cumplir expectativas de sumisión e intereses editoriales. De lo contrario, habría que ejemplificar con el caso de la censura del crítico español Ignacio Echeverría en el suplemento literario Babelia (2004) del diario El País. Esos discursos de pluralismos y de conformidad para calmar las aguas durante la transición política, solo se emplean cuando la palabra no molesta y los límites no son transgredidos, de lo contrario ejecutan un amplio abanico de censurarríticas.

En la década del noventa, la sociedad chilena no se desligó de las ataduras represoras, puesto que existían discursos ambivalentes para mantener el consenso y abrir diálogos de conciliación, por lo que las modificaciones debían evitar inmiscuirse con: la iglesia, los militares, el mercado. Estos tres poderes esquematizan la sociedad chilena impidiendo cualquier manifestación divergente.

Estos nudos traumáticos todavía recorren el campo cultural.

Jorge González en el documental Malditos, la historia de Fiskales ad hok (2004), el exlíder de la banda Los Prisioneros, analiza la realidad cultural haciendo énfasis en la transición política, el orden social y moral de un Chile todavía sujeto a los poderes de facto:

“Pensaba todo el mundo, cuando cayera Pinochet, que iba a ser pronto, Chile se iba a volver una onda Almodóvar. Que Chile se iba a volver como Madrid y que iba a quedar la cagada, y que iba a estar todo pasando. Cosa que no pasó. Y se volvió todo tetón, se puso demócrata cristiano Chile. Entonces, todo se puso hipertradicional pero pintado de rebelde, o sea parecido, como Zona de Contacto, apareció Fuguet, aparecieron todos estos hueones giles, que era como lo mismo que había antes pero se notaba que era gente que era creada por una represión muy grande. Entonces, todo era como una autocensura.” (sic)

 

Quizás, tengamos que continuar escuchando los balbuceos críticos de Alberto Fuguet y otros/as delirantes como acto reflejo de gestores o asesores pertenecientes a los monopolios culturales, quienes se dedican a las relaciones públicas en las ferias de libro y medios de prensa, que hay que perfeccionar el mercado y el anti intelectualismo para que no se espanten los compradores o en última instancia, el lector como cliente.

[1] http://www.elmostrador.cl/cultura/2018/05/25/fuguet-dice-que-ficciono-la-violacion-pero-se-contradice-con-sus-afirmaciones-en-lanzamiento-del-libro/

[2] http://revistasantiago.cl/llegaron-los-barbaros/

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La apología a la explotación infantil en la industria cervecera.

la foto

Por Gonzalo Schwenke

La imagen de un niño con una vara que sujeta el cubo para llenar de cerveza justamente al lado de la calculadora es el signo que representa a una empresa en Valdivia. Buscamos en internet de qué lugar provienen y qué representan, encontrando lo siguiente:

En la revista Mash, aparece una publicación de internet de mayo del 2015, sobre los cubos de cerveza llamados Growler y en la que relata que a finales del siglo XIX los niños eran mandados por los padres a llenar estos recipientes con cerveza, cito a continuación: “Muchas veces, la tarea de ir a llenar los growler y regresarlos a la casa o al trabajo recaía en niños mandados por sus padres o contratados por los trabajadores.”

Es necesario aclarar que este reciclaje visual de parte de quienes exhiben el logotipo como marca comercial es leído como la apología a la explotación infantil en la actualidad. Consideramos que hay que leer los letreros de publicidad desde el siglo XXI y no como historia anacrónica, por lo que ellos retoman la historia inicial de la labor de los niños, los que eran parte del engranaje de la economía cervecera pero de una manera pasiva. Es decir, la reutilización de objetos/imágenes pensando en que se permitía lo anterior, excluye el eventual poder simbólico que provoca el no reconocer el lugar de lo infantil en el Chile neoliberal, desvinculando los avances políticos de más de cien años en el que el trabajo infantil está legalmente prohibido.

Explicado de otro modo, creemos que alguna empresa tenga la ocurrencia de tomar la figura de los niños es similar a lo que sucede en el cuento “la compuerta N° 12” de Subterra y que avale dicha situación. Recordemos que Baldomero Lillo relata el momento en que el padre lleva a la mina al hijo para que trabaje y aporte al hogar. Por eso, señalamos la existencia de la vanaglorización del valor infantil en el área comercial que se promueve en el 2018. El argumento está respaldado cuando la imagen del niño trabajando (¡!) aparece al lado de la calculadora. La unión de estos dos objetos: el niño y la calculadora, se desprende los beneficios rentables del trabajo infantil.

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Crítica Cultural: “Las guerrilla girls”.

 

2016GuerrillaGirls-WhitechapelStreetPor Gonzalo Schwenke

Profesor de Lenguaje y Crítico Literario

En 1984, el Museo de Arte Moderno (MoMA en sus siglas en inglés) de New York realizó la exposición An International Survey of Painting and Sculpture (1984), un mapeo sobre lo que se estaba realizando en el arte de la escultura y la pintura. De ello, se exhibieron 169 artistas de las que solo 13 eran mujeres. Ante la imposibilidad de mostrarse debido a los espacios coartados, un grupo de mujeres del circuito se denominan las guerrilla girls rápidamente intervinieron dentro/fuera de los museos y galerías para reclamar sobre la desigualdad de género y racial. Esto posibilitó abrir nuevos focos de discusión de carácter culturalista e interdisciplinario, porque la Academia desplegada en el Museo de New York daba a entender que aquella exposición presentaba una mirada al trabajo de aquel año era ‘buen arte’, en defecto a los que no estaban presentes.

Las guerrilla girls a través de las performance buscan el impacto próximo y mediático con pancartas, cubriéndose los rostros con máscaras de gorilas y utilizando nombres de artistas fallecidas. Llama la atención la necesidad de cubrirse los rostros para olvidar la identidad de las protagonistas, con la clara intención de que los presentes estén enfocados en el contenido de la propuesta estética y textual más en la persona dueña del mensaje. Paralelo a esto, observo una forma de operar similar en las marchas feministas como táctica de sobrevivencia en Chile. Es decir, la mujer encapuchada en la calle que no entrega su identidad permite que los concurrentes se vean reflejados en una forma de resistir, desde el accionar físico y de pensamiento crítico, frente a todo lo que se considera un estado tradición y conservadurismo.

Advantages Art Museum German2

Habría que señalar, la utilización de pequeñas guerrillas femeninas que buscan socavar la idea de una narrativa predominante en la producción de la cultura visual, para eso el colectivo utiliza la ironía en tanto método de trabajo para criticar las instituciones. Esto es, la necesidad de combatir la hegemonía en el arte para instalar otras miradas que amplíen nuestros limitados saberes.

El contenido de los pósteres callejeros de las guerrilla girls se basa en la palabra como eje fundamental, porque es desde allí donde conformamos imaginarios, damos nombre y otorgamos consideración a distintos elementos que conforman nuestra cotidianeidad. Además, en el afiche emerge el uso de los colores relevantes, los contrastes y la disposición de las letras. En el cartel basado en la pintura de La gran odalisca (1814) de Dominique Ingres, hay una utilización deliberada de la estadística, representada como ciencia concreta y perfecta, para dar cuenta que las sociedades democráticas no dan lugar para exponer a mujeres. Por lo tanto, se denuncia que estas democracias siguen siendo anacrónicas.

Mencionar que durante el barroco español (siglo XVII) configura el rol que debía desempeñar la mujer: limitada a la casa, dedicada a la crianza de los hijos, sin saber leer o escribir y con la máxima obligación de resguardar la honra familiar y la belleza personal como cualidad. Asimismo, en el arte las mujeres se han convertido en musas de los artistas masculinos imposibilitando que aparezca la voz. De modo que, la falta de expectativa para ellas ha impedido que los países logren la fiesta de la democracia.

La ausencia de reconocimiento hacia otro tipo de arte significa la insuficiente extensión de perspectivas en cuánto a discusiones se refiere. Si bien, el colectivo de las guerrillas girls ha expuesto el contenido de su discurso en distintos museos, ellas todavía resaltan la condición de subordinadas en el mundo del arte. En consecuencia, intervenir la calle proporciona romper con el orden establecido otorgando identidades a murallas públicas que no han sido valorizadas por el mundo cultural que representa a las sociedades.

 

las guerrilla girls. periodico insular

Publicado en el diario de Chiloé: “El Insular” (18-07-2018

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Crítica Literaria: Cuerpos móviles.

Folder

 

Por Gonzalo Schwenke

Profesor y Crítico Literario.

 

Sumar (2018) es una novela múltiple producto de las posibilidades de significados y de sentidos que emplea. Así mismo, escarba en el pasado para reafirmar un final de los tiempos, por cierto, desesperanzador.

Una de las múltiples referencias al concepto “sumar” se relaciona al contexto histórico. Las fábricas textiles Yarur y Sumar, expropiadas durante el gobierno de Salvador Allende para ser dirigidas por los trabajadores. Resultando ser uno de los símbolos de apropiación de los medios de producción, al igual que el Complejo Forestal y Maderero Neltume. Para entonces, la manufactura Sumar tenía en sus establecimientos de la comuna de San Joaquín hasta tres mil trabajadores que vivían en poblaciones cercanas. Dicha mención, es apenas uno de los múltiples signos presentes en el volumen.

El comercio ambulante: los perseguidos por la ley, asediados constantemente por el mercado y por lo mismo, marginados de la sociedad es la temática elegida por Diamela Eltit (Santiago, 1947). Aurora Rojas es la protagonista de la obra, quien bajo su perspectiva nos relata la organización de los vendedores ambulantes durante la marcha de trescientos setenta días, y      conformada como madre total encargándose de las necesidades y miedos de cuatro nonatos. Dentro de la obra aparece su tocaya y el líder sindical Casimiro Barrios. La primera es “crítica, desconfiada, inteligente, científica, metódica” que bien podría ser su contraparte u “el otro yo”, mientras que Casimiro es “eficaz, exacto, confiable”. Enseguida, se sumará Ángela Muñoz Arancibia quien representa otra forma de activismo de contra información y cibernético. También aparecerán el Diki, el colombiano, el Lalo cada uno en su propia particularidad y diferencia pero transitando provisionalmente por las páginas.

Aquí, se visibiliza la organización colectiva como fuerza subalterna y contra hegemónico para instalarse en el espacio público: “quién podría amar tanto a una vereda como lo hacemos los ambulantes, que nos proclamamos a gritos para convencer” (29). Ellos están en continuo movimiento para conquistar la moneda. A saber, la doble codificación de la palabra alude a la principal institución local y lo económico. Por otro lado, la esperanza de ocupar el poder a través de la marcha está simbolizada como forma de liberación. Por lo que, los que no tienen nada ven desde la constante derrota y empobrecidos por el cotidiano, la capacidad resiliente para apropiarse del gobierno central.

Las/os protagonistas son héroes degradados y derruidos bajo el orden imperante. El neoliberal oprime al máximo a estas periferias, provocando una emergencia de un movimiento social que necesita tomar la máxima administración para existir. Así lo revela la protagonista: “vamos a acceder a la moneda porque necesitamos torcer el tiempo para disponernos a vivir” (19). A la espera que estos sujetos parias deban lidiar con la reacción que cuida sus privilegios.

En consecuencia, Sumar es un libro contundente y heterogéneo donde la autora pone en valía sujetos/cuerpos los que participan del acontecer existente y que no corresponden a la fértil macroeconomía. Además, el foco narrativo se digna a trabajar desde el pavimento representando el lugar de las oportunidades: el sitio de represión, humillación y de derrota pero también con la esperanza de vencer colectivamente.

Sumar (2018). Diamela Eltit, Seix Barral, 2018, 177 páginas.

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