Crítica

Crítica Literaria: “Receta para engendrar un varón.”

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Receta para engendrar un varón.

Marcos Huaiquilaf Gómez (Valdivia, 1962)

RakiZuam Ediciones, 2016.

95 páginas.

Por Gonzalo Schwenke

(Profesor y Crítico literario)

Este libro de cuentos está marcado por los recuerdos del pasado de los protagonistas, quienes siempre anhelaron una posibilidad mayor pero están satisfechos con lo que han obtenido, logrado a modo de cápsula en la propia cotidianidad que se ha autoimpuesto, inician una decadencia llena de nostalgia. Huaiquilaf Gómez presenta su segundo libro “Receta para engendrar un varón” (2016), marcado por el pleonasmo del pasado, pero que se valora en la justa medida de tener una prosa ordenada y cumplir con la sintaxis.

El autor utiliza voces masculinas que relatan en estos cinco cuentos, a modo de almanaque, sobre distintas mujeres que circulan en la vida de los hombres. En ellos, el narrador emplea la nostalgia, la recriminación y el desencanto en el devenir que le ha suscitado su historia, como si estuviera imposibilitado de resolver los problemas que ha tenido en relación al amor. Sobra cada personaje intenta sobrevivir a un ente superior, lo que ha provocado y acotado la posibilidad de elección sobre la dirección que pueda a tomar en sus vidas.

Si bien el tema central es el amor, en la dualidad del género hombre/mujer hay correspondencia asimétrica, pues ellas están subordinadas al orden representado en la masculinidad. Son ellos los que planifican, disponen y deciden el quehacer; ellas se mantienen en silencio, muchas veces encandiladas o enamoradas, acatando las decisiones y en lo posible no hablan ni se les otorga voz, ya que se evidencia una situación de culpabilidad, donde evitan emitir juicio para no ser castigadas. En el cuento “cuando no estabas”, dos esposas están en desacuerdo con las decisiones de los maridos: “no se atrevían a planteárselo a sus maridos ante el temor de ser calificadas de sentimentales.” (29) Posteriormente, jamás se enuncia la forma de plantear los resquemores, por lo que se deduce silencio y omisión.

En “el anillo”, dos amantes se encuentran cada martes y jueves en la misma plaza, para luego dirigirse al motel de la zona centro de Santiago. Ante todo, prefieren tener cuidado por donde transitan para no ser sorprendidos por sus respectivas familias, por lo que él se dedica a planifica los encuentros. En contrapartida, la voz de ella es temerosa y llena de culpa por el engaño cometido. Cabe destacar que la capacidad de perdonar los errores del otro radica desde lo masculino: “a su mujer podría perdonarle muchas cosas, pero no a su amante.” (23) De hecho, se establece una jerarquización en los roles de subordinación femenina: primero la condición de esposa y después, más abajo, la de amante.

El ambiente generado por esta narrativa suscita que los personajes estén sumidos en la rutina, pero satisfechos por cumplir con el trabajo de oficina, aunque parezca un acto mecánico. Esta idea de tranquilidad/estabilidad se confronta con la presencia de las nuevas generaciones que no aceptan esta pasividad laboral y están preparados para cambiar de trabajo apenas se les presente algo mejor: “La mayoría jóvenes. Yo los entiendo. Ellos quieren ascender rápido y consolidarse en el menor tiempo posible. Cinco o seis años les parece demasiado.” (68) Así, la mecanización laboral se extiende también a la existencia de los sujetos pese a representar el desencanto. No por nada, en ciertos pasajes reconocemos el perfil de Martín Santomé, personaje principal de “La tregua” de Mario Benedetti, para quien el trabajo es el centro principal de su vida y es a partir de allí donde se enlazan los demás personajes.

Finalmente, el autor genera un conjunto de cuentos que están sumidos en la rutina de oficina con un tono desesperanzador, nostálgico y esquematizado, donde toda referencia social debe estar normada y establecida para no desestabilizar la realidad de ficción que ha construido.

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Crítica, Random House Ediciones, Reseña

Crítica Literaria: Historia secreta de Chile III

Historia secreta de Chile III

Jorge Baradit (Valparaíso, 1969)

Penguin Random House Ediciones, 2017.

192 Páginas.

 

Por Gonzalo Schwenke

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La historia chilena está diseñada por los vencedores y por las élites, los que instalan el mito de país en la enseñanza escolar y que está determinada por los intereses propios de clase. La apertura a otras formas de pensamiento es reciente y la intervención en la educación es gradual, esto debido a que los historiadores hacen suya la metodología de investigar, analizar y describir más que proceder a narrar desde sensacional y lo dramático. En tanto, el docente de Historia, Geografía y Ciencias Sociales debe pasar los contenidos en 320 horas anuales.

En relación a la primera entrega de Historia secreta de Chile, el libro problematiza el origen de los símbolos nacionales, corolario de universos esotéricos, y señala que el control político se ejerce desde la penumbra. Mientras en el segundo, el cuestionamiento es hacia la Institución y la enseñanza: la formación del Estado y sus líderes. En la tercera parte, predomina el imaginario de los olvidados o minorías vinculadas con la extrañeza de situaciones relatadas, estas con menos espesor literario que los cuentos de terror de Poe, esto es así, porque se busca una impresión inmediata y obvia, en vez de generar un ambiente que los defina y una prosa rotunda.

El primero de los nueve capítulos que contiene el volumen está situado en la celebración católica del ocho de diciembre de 1863, que significa el fin del mes de María y la distinción de lo masculino y lo femenino en la tierra bajo la tutela del orden celestial. Con la misma voz efectista, lleno de pirotecnia y de cuentacuentos al igual que los libros anteriores, muestra el espectáculo del horror, morbo y religiosidad, por el incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús.

La construcción de los párrafos muchas veces es ambigua, “al igual que la sintaxis y lo semántico” pero cumple con lo mínimo: el intento de disimular la condición burguesa con otros estratos para exhibir los efectos de la convivencia con la masa iletrada. Dicho esto, en secciones se utilizan nombres propios de manera aislada sin ahondar en lo particular del sujeto enunciado, como es el caso de la mención de Ramona Solar o los juicios del arzobispo Raimundo Zisternas, entre otros. Por consiguiente, las erratas son cuantiosas y superan la bibliografía mencionada.

La pésima asimilación de representaciones del pasado y objetos utilitarios modernos, dispuestos en la imagen de la portada de Gabriela Mistral, son transmitidos por la cultura burguesa recientemente impulsada y que encuentran la satisfacción de copiar con variaciones, dejando de lado el trasfondo intelectual. En el mismo sentido, en el capítulo de la autora intervenida, la escritora Marguerite Yourcenar afirma que “la burda curiosidad por la anécdota biográfica es un rasgo de nuestra época, decuplicado por los métodos de una prensa y de unos media que se dirigen a un público que cada vez sabe leer menos.”

Como hemos señalado anteriormente, Jorge Baradit es diseñador y escritor, y emplea la crónica con una escritura de oratoria y paternalista puesto que rinde una antología que agrupa historias para lectores no iniciados, lo que muchas veces no alcanza a desarrollar en plenitud por lo que intenta subsanar por otros medios.

Historia secreta de Chile no plantea transmitir elementos distintos a la historia, sino pensada en la búsqueda de un impacto en beneficio de la industria cultural. De este modo, promover la discusión sobre la historia es la excusa necesaria para alimentar a los lectores, porque ellos no son partícipes de las discusiones sino el objeto de cálculo de la maquinaria correspondiente. Por lo tanto, el gesto de la industria disfrazado de cultura entretenida no es más que la manera de ejecutar la formación de una nueva conciencia de los consumidores. No por nada se ha recurrido a la producción televisiva donde amplía lo que no puede desarrollar en las crónicas.

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Schwenke y Nilo, o la resistencia cultural del sur

Por Gonzalo Schwenke

 

Tras la muerte de Nelson Schwenke el 22 de junio de 2012, se han suscitado múltiples homenajes en Valdivia, Quillota y Santiago. En todos ellos, es inevitable rememorar los inicios de Schwenke y Nilo, desde 1979, en Valdivia.

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Durante los ochentas, Nelson Schwenke entra a estudiar Antropología y Marcelo Nilo, pedagogía en Educación Musical en la Universidad Austral de Chile. En el trajín de la generación quebrada por el golpe militar, se integra Clemente Riedemann, quien sale de la tortura a manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) e ingresa a la Universidad a estudiar Antropología. Estos hechos no son fortuitos, están situados en contexto con la dictadura y la imperiosa necesidad de la juventud por superar el toque de queda y ejercer la libertad de expresión.

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Es en el Sur de Chile donde emerge Schwenke & Nilo, pero no fue un grupo aislado sino que el contexto generacional posibilita la aparición del dúo. La existencia de colectivos artísticos que dialogaban críticamente, la vinculación de una u otra manera en un territorio geográfico acotado (X Región de los Lagos y actual XIV Región de Los Ríos), el compañerismo y la solidaridad en estos años de emergencia son algunas características propias de la escena y que se vinculan con lo realizado en años anteriores. En 1964 aparece el Grupo Trilce, durante los ochenta destacan los artistas visuales del Grupo 7, los talleres literarios Aumen; Matra, el Taller Murciélago; Chaicura; Índice, solo por nombrar a algunos. Es importante destacar que esta generación congregada para con el objetivo de construir resistencia frente a los horrores de la dictadura, convergió en Valdivia desde varios lugares del país y muchos de ellos continúan realizando labores creativas y de estudios, ya sea en literatura, artes visuales, edición, música y los DD.HH.

Si bien en Santiago se habla de apagón cultural y del emblemático Café del Cerro, durante aquella época en Valdivia las manifestaciones artísticas eran escasas y coartadas por las autoridades ligadas a la dictadura: los conciertos eran boicoteados por avisos de bomba, hubo exposiciones de artistas visuales que se realizaron en el sótano de la Municipalidad, y el Rector designado destituía académicos y estudiantes que participaban de eventos culturales dentro de la UACh.

Hoy en día sucede algo muy similar. La dictadura neoliberal invisibiliza expresiones culturales, y aquellas que absorbe pertenecen a construcciones que están dentro del perfil de mediatización de la cultura televisiva, ya sea como la cultura entretenida que se basa el contenido reduccionista y produciendo la cultura del desecho, promoviendo un discurso crítico nulo y vacío.

Antes de irse a Santiago, Schwenke & Nilo graban el cassette Elegía por la muerte del chancho (1980), concierto realizado en el ofertorio de la Iglesia Católica de calle Picarte, Valdivia. El respaldo de dicha institución se puede apreciar en fotografías y comentarios realizados por Marcelo Nilo en el documental El sentido de la vida rescatando del olvido nombres que los acompañan en conciertos como Gladys Briceño en chelo, Iván Briceño en teclados, Raimundo Garrido en percusión, Jorge Vio en sonido, Claudio Miranda en viola, Roberto ‘galo’ Arroyo en violín y Clemente Riedemann en las letras, junto a los poetas Sergio Mansilla y Jermaín Flores. También aparecen nombres como Jaime Vivanco, Jaime ‘Chino’ Vásquez, saxofonista y flautista, estos últimos vinculados al Grupo Fulano.

Clemente Riedemann señala en el libro El viaje de Schwenke & Nilo: “Entre enero y abril de 1980, trabajamos diría, presionados solo por nuestro propio entusiasmo. Produjimos alrededor de una quincena de canciones de las cuales Nelson y Marcelo seleccionaron doce. El concierto Elegía por la muerte del chancho lo presentamos a fines de abril en un escenario improvisado sobre mesas en el ofertorio de una Iglesia Católica ubicada en calle Picarte. La dirección de asuntos estudiantiles de la UACh nos había quitado, en la víspera, la autorización para celebrar el recital en el interior del campus. El censor político de turno dijo que las canciones eran ‘muy tristes’” (14).

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Afiche: Roberto ‘galo’ Arroyo

En Santiago, Schwenke y Nilo participan del segundo Festival de la Agrupación Cultural Universitaria (ACU), en el Teatro Caupolicán a fines de 1979. La grata recepción por parte del público del tema “El Viaje” los incita a continuar trabajando con mayor ahínco. En 1983, obtienen el premio Alerce con el tema “Lluvias del sur”. El sello discográfico Alerce, que trabaja con todos los artistas del Canto Nuevo, permite la grabación y distribución de siete discos entre 1983 y 2004, además del DVD recopilatorio Schwenke & Nilo, 30 años, registros de un viaje[1].

Con nueve discos y varias colaboraciones con el Canto Nuevo y la Trova Nacional, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo son sin duda uno de los referentes musicales más importantes del Sur de Chile. A través de sus letras, representan no sólo la historia valdiviana de la segunda mitad del siglo XX, sino además el cotidiano vivir de las comunidades sureñas, ligadas a la conversación y al encuentro en torno al calor de la estufa, en permanente convivencia con el mate y las sopaipillas en las casas, dando cuenta de territorios económicamente explotados y fetichizados por quienes invaden durante las vacaciones dichas estancias.

Pese al deceso de Nelson, Schwenke & Nilo se mantiene vigente en los escenarios del país, al margen de los registros televisivos y protegidos con la ternura de los amigos. Continúan tocando en centros culturales y espacios comunitarios como lo han hecho desde siempre.

 

[1] Schwenke & Nilo Volumen 1 (Alerce, 1983); Schwenke & Nilo Volumen 2 (Alerce, 1986); Schwenke & Nilo Volumen 3 (Alerce, 1988); Schwenke & Nilo Volumen 4 (Alerce, 1990); Schwenke & Nilo Volumen 5 (Alerce, 1993); Schwenke & Nilo Volumen 6 (Alerce. 1997), 20 años. Crónicas de un viaje (Alerce, 2000). Por último, el disco Schwenke & Nilo Volumen 8 (Fondart, 2004)

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Crítica, librosdementira Ediciones, Narrativa

Crítica Literaria: “Exijo ser un héroe”

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Hienas, Eduardo Plaza. Libros de Mentira Ediciones, 2016, 103 p.

Por Gonzalo Schwenke

Las dinámicas culturales del oligopolio editorial movilizan, resucitan y expanden carreras literarias bajo la lógica neoliberal. Por lo que no debiese extrañar el control cultural y de mercado ejercido en ferias extranjeras, la posterior y consecuente repercusión en el medio local llena de exitismo. Eduardo Plaza (La Serena, 1982), siendo un escritor emergente, es una muestra de lo expuesto.

En Hienas (2016), su primera publicación, los personajes de sus cuentos se despliegan principalmente en el litoral norteño del país: La Serena, Guanaqueros, Tongoy o Coquimbo. A partir de estos territorios, la obra toma distancia de otras narrativas actuales, las que exponen un paisaje próspero y de limpieza. Aquí, en cambio, se exhibe sin disimulo un escenario imperfecto y donde el subdesarrollo es una constante que se opone a los discursos de la macroeconomía supuestamente pujante y horizontal; es decir, la presencia y tránsito de piojos, ratones, la suciedad del entorno y de las industrias pesqueras, la pobreza y el horror de la tortura. Por otro lado, las características añadidas a los personajes tienen cierto mérito, ya que los sujetos están conformados en un presente sin ambiciones dentro de una atmósfera de tedio, fuera de toda solemnidad o rasgo hiperbólico, que es la receta en la que el mercado ha instalado la ficción literaria de carácter presuntuosa.

El tono melancólico y desafortunado de los sujetos que atraviesan estos relatos es la doble ausencia y resignación; esto es, la injerencia periférica pero no marginal, debido a la condición de provincia subordinada al centro y, así mismo, el continuo temple de un diario vivir sin mayores intensidades.

De hecho, en “Hienas”, el cuento que da nombre al volumen, los personajes recuerdan la infancia que los hizo pertenecer al sitio geográfico y el momento histórico determinado. Mucho de lo relatado está descrito desde sensaciones impersonales, sin mayor ápice de anhelos y subrayado por un cotidiano privado de porvenir: “Hablábamos de nuestras historias como las historias de alguien más. No éramos sino testigos de esos niños. Nosotros éramos hombres. Hombres tan lejanos de nuestros cuentos como de nuestras casas”. De esta manera, se menciona el futuro inmediato, el que está delimitado por relaciones sociales destinadas a sobrevivir y confluir a través del recuerdo del lugar y las personas.

En “Animales de compañía”, se enjuicia las movilizaciones sociales para el plebiscito de 1988, en la que se evidencia la esperanza puesta con la llegada de la democracia y que, sin embargo, este ambiente de ilusión simboliza el triunfo de la derrota y señalada por la promesa de un acontecimiento que nunca llegó.

Situado fuera de la zona de bienestar y alejado de protagonizar el destino particular, en los ocho cuentos de Hienas (2016). Se realza la insignificancia de vidas ínfimas y despoja de relevancia a los personajes, sin embargo, las existencias de no poseer talento y estar en permanente discordia, exigen fama y admiración como señala en el tema Exijo ser un héroe de los Prisioneros.

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Crítica, Das Kapital, Narrativa

Crítica Literaria: Ese mar que tranquilo nos baña

Cuentos del Pacífico Sur, Yuria Soria-Galvarro. Das Kapital Ediciones, 2015, 110 p.

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Por Gonzalo Schwenke

El mar es clave en el desarrollo de literaturas del borde costero en el Pacífico sur. Allí, los personajes se despliegan -muchos de ellos señalados por el signo trágico o lo fantasmagórico-, en el acto de vivir entre los canales y los fiordos australes del territorio desmembrado, sea este, Isla Wellington, Puerto Natales, Punta Arenas o Puerto Edén.

Cuentos del Pacífico Sur (2015) es la recopilación de doce cuentos de Yuri Soria-Galvarro (Cochabamba, 1968). Las historias están conformadas por sujetos desarraigados en los espacios de locación. Así, se evidencia la añoranza por el barrio, por el amor y los estudios, pero tampoco convengamos que están descomunalmente desesperados o en peligro como sugiere la fotografía de portada: “the slave ship” (1840) donde se relata pictóricamente, el naufragio de un barco de esclavos durante el periodo romántico inglés.

Los individuos están aguardando el tiempo de volver a tierra firme y donde los diálogos directos asumen mayor grado de verosimilitud a la narración. Para ellos, el mar es su entrada y/o salida y dicho horizonte conforma el ambiente de olvido o ausencia con el resto de civilización. Por lo tanto, los habitantes se disponen y subordinan al cotidiano que establece lo marítimo, ya sea en el hombre al agua en la isla Wellignton, purgatorio, miedo primitivo o cosa de suerte, mientras que continuidad de los bares y la dama y el capitán, lo fantasmagórico o lo espectral es parte central de los relatos.

En el hombre al agua en la Isla Wellington, el protagonista desembarca en el bar más próximo luego de dos semanas de navegación en el extremo austral. Allí se topará con Demetrio, un viejo marino quien lo abordará para compartir lo que sucedió una jornada mientras trabajaba en la empresa naviera de Punta Arenas. En este metarrelato centrado en la desaparición de un marino en altamar, se exhibe un narrador descuidado y donde la modernidad es símbolo de progreso para los indígenas. Quien es visto con desprecio por el chileno promedio: “los kawésqar son navegantes y buzos. Cosechan cholgas, coral rosado que venden a los turistas, (…) Igual que hace siglos, aunque ahora ya no son nómadas y viajan en lanchas a motor.” (10)

En Purgatorio, el personaje busca el refugio simbólico para encontrar cierta tranquilidad a un destino que lo ha llevado al precipicio. El lugar que se señala: “la gente abandona este lugar para volver a la ciudad, mueren ahogados, asesinados o por alguna enfermedad, nadie lo sabe con certeza y a nadie le importa.” (22) Un destierro carente de osadía y está mostrado por lo calamitoso, el desamparo y el sentido de pertenencia al territorio continental.

Esperando es el segundo microcuento que aparece en el libro y es uno más logrados ya que con pocos recursos logra profundizar en una historia social: “Sobre la huelga y la masacre no recuerda nada, se han borrado de su memoria como los rieles del ferrocarril” (63) En estas trece líneas, la narración se vuelve en estado de ensoñación: el anciano se enfrenta a la muerte, la realidad, el pasado se mezclan y solo van quedando los recuerdos pasivos, en cambio, la memoria social que confluye en los conflictos que se desvanecen con la pérdida de memoria de los testigos así como los vestigios.

A pesar de los desniveles en Cuentos del Pacífico Sur (2015), Yuri Soria-Galvarro tiene el mérito de despojar de heroísmo el hecho de asentarse en el extremo sur, otorgándoles a los sujetos que se enfrentan al abandono y la ausencia, cierto grado de dignidad, la que está muy lejos de la mirada paisajista o de clase turista.

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Crítica, Narrativa, Plaza y Janés

Crítica Literaria: La escritura de la basura

La guerra interior, Jorge Baradit. Plaza y Janés Ediciones, 2017, 262 p.

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Por Gonzalo Schwenke

En el último año algunas las narrativas locales han tomado el rumbo de la enajenación o extrañeza del sujeto como algo habitual. Este estado de delirio permanente, busca impactar y deformar la realidad para conmover al receptor, no obstante, en este caso, la perturbación contiene un mensaje ideológico basado principalmente en la degradación de la información.

La guerra interior (2017) de Jorge Baradit (1969) es el volumen de veintidós relatos, en los que se construyen mundos ficticios y realidades en progresiva decadencia. Estos mundos distópicos potencian una verdad que es controlada; donde se oculta y se dan a conocer informaciones para crear el gran mito del Estado-Nación.

Utilizando el remanente de los libros anteriores, este pastiche literario comienza con la llegada de los españoles al nuevo continente, para luego manipular figuras significativas en el imaginario histórico popular y del que se ha beneficiado.

Existe el apuro por publicar, que se reafirma con la elección del cuento a modo de categoría literaria y donde se aspira a realizar ucronías. A diferencia de los grandes autores, en los que se observa profesionalización en el acto de narrar. Aquí se privilegia lo amorfo y el desequilibrio en toda la obra, porque se abusa el desarrollo de los ambientes, en desmedro de los demás elementos narrativos. La información elegida es caótica y discontinua. Asimismo, entre los diferentes mundos posibles -una vez más-, surgen referentes esotéricos ligados al nazismo.: Miguel Serrano, María Orsic, entre otros.

Las imágenes que se promueven a través de ‘la cultura de la basura’ relativizan contenidos, apropiándose de los distintos saberes ancestrales de Latinoamérica para transformarlos en productos culturales masivos, esto es, sin comprender las dimensiones ni las dinámicas de las sociedades indígenas y utilizándolos para fines individuales. De esta manera, podemos encontrar la imagen del héroe mítico mapuche que emerge primordialmente cuando el español invade el continente, como si esta supuesta figura, para explicar el pasado glorioso, no estuviese en resistencia el día de hoy.

Dentro de este conjunto de irregularidades, destaca “el sueño de Contreras”, uno de los cuentos con mayor registro de afasia: no sólo se apuran los hechos mediante efemérides, sino que, se utilizan los trastornos del miedo de la derecha fascista en lugar común y se trastoca la memoria de la resistencia en una humorada desastrosa. Muy lejos de la esfera de la parodia.

Finalmente, la guerra interior se evidencia una lectura histórica que confronta el tránsito histórico. Estamos pues, ante el baile mediático. La que solicita con urgencia lanzar estos relatos que son irregulares, desordenados, codificado por el delirio y que no obedecen a la estructura de los cuentos. Así pues, este conjunto despliega una trama que es funcional a la globalización y la homogeneización de los pueblos. Estos movimientos que se producen en el circuito literario, suelen aparecer cada cierto tiempo declarando rebeldía, contracultura e insubordinación, sin embargo, rápidamente son cooptados y derivados en productos utilitarios para el mercado.

 

Otoño en Pudahuel, 2017

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Crítica, FCE, Narrativa

Crítica Literaria: Lobos chilenos

El Guarén. Historia de un guardia un guardaespaldas, Germán Marín. Fondo de Cultura Económica Ediciones, 2012, 87 p.

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Por Gonzalo Schwenke

            Actualmente, el absolutismo de la clase económica influye de tal grado en Chile, que forma parte de la opinión del público. Esta mediación, promovida por el “cuarto poder” con aparente objetivismo, solo es funcional para quien emite las opiniones. Así, tenemos a saqueadores del banco de Talca como mandatarios humoristas y empresarios comunes pero poderosos. Los que afirman que la desigualdad no es existe sino que somos el país de las oportunidades y por tanto, todo es rentabilidad. Germán Marín (1934) hace hincapié en el origen y la legitimidad de los administradores del mercado en El Guarén. Historia de un guardia un guardaespaldas (2012).

William Araya, apodado “el guarén” desde la infancia, nace, crece y sale de la marginalidad en las poblaciones de Santiago. Lo que lleva a emplearse como gendarme, luego como guardia para la CNI en los últimos años de la dictadura y finalmente, como guardia privado. Aquí comienza la trama. Juan Luis, su empleador, es un especulador bursátil que controla tres firmas importantes las que se desarrollan convenientemente en el país. Dicho empresario, en representación del conjunto, rinde pleitesía a la dictadura, puesto que durante esta época la clase económica comienza a amasar su fortuna. Justamente, con la llegada de la Concertación al poder, se produce la histeria del sector por la supuesta amenaza que significa que los “extremistas” que lucharon contra la dictadura caminen libres.

La situación acomodada de Juan Luis y María Paz es el negocio que simboliza el matrimonio, puesto que ambas partes tienen intereses en las firmas empresariales. De lo anterior, se desarrolla el triángulo amoroso que incluye al amigo de la familia, Rolando Vega. Este último, al ser también socio, pasa a ser un obstáculo para la venta de una de las empresas, a continuación, el protagonista incide directamente en el relato para determinar el resultado de la trama. Sin embargo, dicho trabajo no lo realiza por cuenta propia sino que acude a los colegas que tuvo en su paso por la CNI.

La narración fluye y evidencia el dominio de la técnica. El estilo indirecto libre donde se presenta desde el plano del guardaespaldas: “Cada cierto rato, acordándose de mí, levantaba la cabeza y me decía, te ruego un poco de paciencia…” (25) Conjuntamente, hay una mixtura de lenguajes culto formal y coloquial: “ahora me ocupaba choreado (…) en observador de soslayo el rostro con que regresaba.” (33), ya que el protagonista comienza a distanciarse de su procedencia y para ser aceptado en las altas esferas del poder, intenta asimilar aquel estilo de vida que representa su jefe, pero nunca ingresa por su condición de empleado ni se sacude de los orígenes.

Sin ser un volumen logrado cabalmente, la pugna por los intereses personales permite visibilizar las dinámicas del poder y la respetabilidad del sector alto de la sociedad. Este problema se rehace para alimentar a los oportunistas de las capas medias y que ven en el acto de timar a la familia una forma de saciar sus ambiciones. De igual modo, el autor utilizará el imaginario de la cultura popular para completar el desenlace.

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